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Inés regresa a la villa para sorpresa de Cipri el posadero de Águila Roja

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 erikasanz Inés regresa a la villa para sorpresa de Cipri el posadero de Águila Roja

Águila Roja regresa mañana con muchas novedades. La más destacada de ellas es la vuelta de Inés (Érika Sanz) a la villa. Después largo tiempo sin aparecer en la serie, Cipri el posadero se quedó hecho un guiñapo emocional que no ha levantado cabeza desde que su esposa le abandonó. Se convirtió en un alma en pena, tristón y cobardica, al que han apaleado física y emocionalmente en varias ocasiones.
Su incipiente relación con Catalina (otra a la que las cosas le han ido de mal en peor desde que Floro fue asesinado por una ninja en Madrid  se embarcó rumbo a las Américas) se verá truncada cuando Inés aparezca de nuevo en su vida para estupefacción del posadero de la villa.
El lamentable estado físico de Inés es advertido por Gonzalo y sus amigos. Águila Roja intentará descubrir qué le ha pasado a la joven.

La muerte de Felipe Próspero, heredero al trono, provoca en el rey un profundo pesar. Reza por que el hijo que su esposa lleva en el vientre sea otro varón. A cambio pondría fin a la guerra entre España y Portugal aconsejado por la madre Isabel (Lydia Bosch). La determinación de que el monarca renuncie a la guerra si tiene un hijo varón ayudaría al cardenal a acceder al papado, por lo que el Mendoza urde un inquietante plan para asegurarse de que el nuevo bebé sea un niño.

Mientras tanto, Lucrecia e Isabel llevarán su enfrentamiento al próximo nivel. Si en el pasado ambas tuvieron sus fuertes diferencias que las condujeron a albergar un profundo odio mutuo, ahora éste se verá acrecentado después de que la marquesa descubriese a Hernán en el lecho de Isabel y unas cartas cifradas en las maletas de la religiosa. Cuando Isabel sea consciente de que Lucrecia se las ha robado se lo hará pagar caro.

La aristócrata se siente amenazada por la monja y pide ayuda al comisario. Pero éste desconfía de la idea de que una religiosa intente matarla y cree que ha perdido la razón. Hernán se ve obligado a intervenir entre las dos mujeres pero deja a Lucrecia a merced de su enemigo.

Por otro lado, Juan seguirá inmerso en el club de la lucha barroco y arriesgará el pellejo otra vez jugando a una especie de ruleta rusa. Su compromiso matrimonial con Margarita y Eugenia le está llevando a la perdición al no reunir el valor suficiente para confesar a sus prometidas que ha estado jugando a dos bandas. Piensa que si los hombres rudos de la villa le dan una buena tunda antes de dormir se le aclararán las ideas acerca de a cuál mocita prefiere: si a la rubia rica o a la morena pobre.


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